La importancia del acuerdo Mercosur – Unión Europea

¿Por qué es importante que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) entre en vigor? Se trata de una pregunta recurrente desde que en el año 2024 se cerraron las negociaciones. Para responder a dicha pregunta, es necesario atender a tres aspectos que son claves para dimensionar el largo proceso de negociación y, en particular, los desafíos actuales del proceso de ratificación.

La columna se dividirá en tres partes:

  1. Breve historia de las negociaciones.
  2. El impacto geopolítico del acuerdo.
  3. Los efectos en el Mercosur.

Breve historia de las negociaciones

Los acuerdos de Asociación de la UE con los países de América Latina deben ser analizados en un marco más amplio que los beneficios asociados a los impactos clásicos esperados por los acuerdos de libre comercio. Las relaciones entre la UE y América Latina tienen un historial de larga data, con espacios de cooperación formal que aún siguen vigentes (como por ejemplo son las reuniones CELAC – UE).

Como es sabido, se trata de un acuerdo que llevó muchos años de intercambios, más de lo razonable. Esa demora en cerrar el acuerdo tuvo sus impactos, ya no solo en que actualmente hay menos para ganar, sino también en términos de espacios perdidos, especialmente por parte de la UE en el Mercosur. Las estadísticas son muy claras en cuanto a la pérdida de importancia de las relaciones comerciales en los últimos años, espacios que fueron ocupados por ejemplo por China que se ha transformado en un actor de especial importancia para el Mercosur.

Las responsabilidades por no cerrar el acuerdo años atrás son compartidas, por momentos fue la UE que no quiso avanzar, en otros fue el siempre presente proteccionismo del Mercosur, especialmente el de Brasil y Argentina lo que impidió avances. La realidad es que no existió voluntad política para cerrar las negociaciones desde ninguna de las dos partes, más allá de que se estuvo cerca en 2004, además de la más reciente firma frustrada en el año 2019.

Los debates estuvieron centrados durante años en la dicotomía generada entre apertura agrícola versus la industrial, lo que de cierta forma opacó los otros beneficios esperados por este tipo de acuerdos. Naturalmente que los debates en el marco de la Ronda Doha, el proceso de la reforma de la Política Agrícola de la UE, la explosión de China en el comercio internacional, la propia ampliación de la UE con miembros con importancia agrícola, afectaron el interés real de las partes para avanzar en el cierre de las negociaciones, pero también han existido históricamente sectores que se han posicionado en contra del acuerdo.

En 2019 se dio un gran avance y allí el Pacto Verde sumado a la pandemia, volvieron a postergar el inicio del proceso de incorporación. Este fue un golpe para la credibilidad de las partes y en este punto de las negociaciones fue el bloque europeo el que tuvo mayor responsabilidad en no avanzar. De todas formas, la reapertura de las reuniones técnicas por las dos partes, agregando compromisos ambientales y en el caso del Mercosur renegociando otros capítulos y disposiciones, junto y principalmente sumado al cambio de contexto mundial por la llegada de Trump, hicieron posible el cierre de las negociaciones en diciembre de 2024.

Ahora toda la expectativa está del lado europeo, donde el proceso de revisión legal y traducción sigue su marcha con la apuesta de proceder a la firma en noviembre de 2025. Desde la UE el debate sigue en Francia y algunos otros miembros, más allá de las mayorías que se alcanzarían tanto en el Consejo como en el Parlamento, siempre considerando el pilar comercial que está amparado en la supranacionalidad e la UE (El político y de cooperación deberá ser aprobado por los 27 parlamentos).

La pregunta sería si más allá de las eventuales mayorías posibles tanto en el Consejo como en el Parlamento, es viable desde el punto de vista político ir en contra de Francia, en un momento donde la UE también debate otros asuntos de suma importancia para el futuro de Europa.

El impacto geopolítico del acuerdo

Independientemente de que este acuerdo llega tarde, existen beneficios concretos para las dos partes, como indican los estudios de Manchester University y del London School of Economics que han sido encargados por la Comisión Europea algunos años atrás. Otros estudios realizados en diferentes países del Mercosur muestran beneficios para la agricultura y la agroindustria en el caso de los países del sur y para la industria del lado europeo. Los beneficios serían mutuos en servicios, con mayor ganancia para la UE y la potencialidad en inversiones y cooperación es relevante, más allá del largo historial que existe entre los dos bloques en estas dos áreas.

Si bien todo esto es cierto, no cabe duda de que hoy el acuerdo es más geopolítico que comercial. Para la UE, cerrar con el Mercosur lo posiciona con una ventaja comparativa respecto a Estados Unidos y China, logrando las mejores condiciones de acuerdos comerciales con toda América Latina.

El contexto internacional marcado por la guerra comercial y las tensiones entre Occidente a partir de las decisiones tomadas por la administración de Trump, presiona a la UE para aumentar sus vínculos con otras regiones y especialmente con aquellas donde existen valores compartidos, como es el caso de los democráticos; los derechos humanos; el respeto por el derecho internacional, como también intereses comunes en el cambio climático; la reforma de los organismos internacionales; la energía o los recursos estratégicos, entre tantos otros.

Las políticas de Trump y el enfrentamiento geopolítico entre Estados Unidos y China imponen un cambio de política de la UE con América Latina, demostrando sin retóricas que ahora sí es el momento para enviar una fuerte señal al mundo y a toda la región, pero especialmente al Mercosur, un bloque de importancia económica, comercial y política.

Para la UE este aspecto adquiere suma importancia y hoy quizás, es incluso más importante que los beneficios comerciales esperados por la entrada en vigor del acuerdo.

Los efectos en el Mercosur

El Mercosur podría ser considerado un paciente de gravedad que está con respiración asistida, pero el cierre de un acuerdo con la UE podría definitivamente salvar al bloque de su estado crítico.

En ese sentido, si bien hoy los beneficios están centrados en lo comercial, donde hay mejoras de acceso concreto para el gran porcentaje de las exportaciones del bloque a través de la eliminación de aranceles y aumento de cuotas, además de la regulación en servicios y otros capítulos relacionados con el comercio, los principales impactos del acuerdo podrían estar en el dinamismo interno del Mercosur.

Por ejemplo, el bloque no posee un libre comercio en el sector automotor que es regulado por acuerdos bilaterales negociados en el marco de la ALADI, pero con el tiempo se logrará el libre comercio en este sector debido a las concesiones realizadas a la UE, más allá de los extensos cronogramas de liberalización negociados en el acuerdo. También en otros capítulos, el Mercosur incorpora normas y buenas prácticas que favorecen el entorno de negocios e introducen una mayor sofisticación normativa en el bloque.

Otro impacto y mucho más en este complejo contexto global, tiene que ver con los efectos en los otros acuerdos comerciales, en especial en las negociaciones activas que tiene el Mercosur.

Cerrar un acuerdo con la UE, o mejor dicho que el mismo entre en vigor, generará credibilidad al bloque, en especial con efectos en las negociaciones muy avanzadas con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA en sus siglas en inglés), con Canadá y los avances ya registrados con Emiratos Árabes Unidos. Quizás también se vuelva a captar la atención de Corea del Sur, lo que podría acelerar el interés de Japón, Indonesia o Vietnam, que son otras economías que han mostrado voluntad de acercarse al Mercosur o han llevado adelante algún tipo de contacto. Este año se espera la entrada en vigor del acuerdo ya firmado con Singapur.

En definitiva, no queda tiempo para seguir esperando y de no firmarse el acuerdo, el impacto en la credibilidad de las dos partes sería muy alto y casi definitivo. ¿Los beneficios del acuerdo podrían ser mayores?, claro que sí. ¿Lo negociado es bastante distinto al texto de 2004 y bastante menos ambicioso?, sí, también.

Pero debe tenerse en cuenta que entre la base de 2019 y lo finalmente acordado en 2024, se cuenta con un buen acuerdo para una primera etapa, que luego con el tiempo podrá ser ampliado. Un nuevo mundo necesita de visión estratégica de las dos partes y no cabe duda de que este es el momento de actuar.

* Columna elaborada en base a participación realizada en la reunión del Grupo S&D del Parlamento Europeo el día 30 de abril de 2025.