China y la guerra comercial: algo de perspectiva

China enfrenta un cambio estructural de su economía que aún sigue en curso, donde se está apostando a aumentar el consumo interno, con una menor participación del Estado en la economía y el desarrollo basado en los avances tecnológicos y la innovación. En los últimos años se han alcanzado resultados que sorprenden al mundo. También se está apostando a las mayores inversiones a nivel internacional, lo que está asociado a la Franja y la Ruta.

Asimismo, se está fomentando la importancia de los servicios en la economía, donde aún existe un enorme potencial. Independientemente de estos cambios (que son los razonables en una economía que avanza en su desarrollo económico) y de las presiones por las dificultades enfrentadas en el sector inmobiliario, el crecimiento económico de 2024 fue muy bueno si se lo compara con algunas proyecciones iniciales. Los resultados económicos de los primeros meses de 2025 muestran buenas perspectivas, más allá de la guerra comercial lanzada por Trump y los impactos esperados en el crecimiento proyectado para el cierre del año en curso de acuerdo a los últimos datos del FMI.

La transformación económica de China es uno de los mayores logros alcanzados en la época moderna. Los avances tecnológicos y el liderazgo en la industria tecnológica mundial se observan en varios rubros como se ha visto recientemente en inteligencia artificial, lo que como es sabido, ha desatado un nuevo enfrentamiento tecnológico con Estados Unidos, pero también con otras economías que buscan afectar el ritmo de esta industria ya de características globales.

China frente a una nueva realidad internacional por las medidas de Trump

La potencia asiática impulsa un enfoque basado en combinar las fuerzas del mercado y del gobierno para seguir adelante con un desarrollo económico que enfrenta una competencia internacional creciente, en especial por el enfrentamiento geopolítico de Estados Unidos con China. El enfoque económico pretendido por China se ajusta a nivel de desarrollo planificado, con los avances tecnológicos y la innovación en el centro.

Dicha estrategia deberá estar acompañada de una mayor desregulación, mayor apertura económica en algunos sectores y menor presencia del Estado. Además, será necesario contemplar la sostenibilidad en la estrategia económica impulsada por China, la que ya muestra señales muy positivas por ejemplo en los esfuerzos relacionados con el cambio climático.

La estrategia de desarrollo de China es clara y ha cumplido con sus objetivos intermedios sin perder la mirada de largo plazo que caracteriza la definición de políticas de la potencia asiática. Ahora bien, será necesario llevar adelante algunos ajustes para enfrentar las medidas aplicadas por Estados Unidos y otras economías en lo que refiere a las restricciones comerciales, bloqueos tecnológicos y prohibiciones que han perjudicado las inversiones en China y la presencia de algunas empresas internacionales en dicha potencia.

Para China, el libre comercio es un pilar fundamental y la clave de su estrategia de desarrollo. El conocido como milagro chino, en términos económicos, que sacó de la pobreza a cientos de millones de personas y constituyó la clase media más grande y pujante a nivel global, es sin duda resultado de la globalización económica y de una apertura que comenzó en la década del setenta con el acercamiento con Estados Unidos y terminó de consolidarse con el ingreso a la OMC en el año 2001. China seguirá velando por el libre comercio, ya que ese es el vehículo para seguir adelante con su estrategia de desarrollo.

Por otro lado, la diplomacia china desde los años setenta, pero especialmente en las últimas dos décadas, ha sido muy clara en cuanto a la conformación de un sistema global alternativo al creado en la época de posguerra. China no abandona el sistema de esa época, por el contrario, ha ganado mucho espacio en esos ámbitos, pero sí ha ido constituyendo alternativas como es el caso de su rol en los BRICS, la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, la Franja y la Ruta, el Nuevo Banco de Desarrollo, la Organización Internacional del Bambú y el Ratán, entre otras. También ha logrado conformar espacios subregionales, como es el caso del Grupo China – CELAC que se reunirá nuevamente en el próximo mes de mayo en Beijing.

Las relaciones entre Uruguay y China

Las relaciones entre Uruguay y China están en un muy buen momento. Uruguay ha acompañado las grandes iniciativas chinas en lo que refiere a proyectos globales, como la Franja y la Ruta, como así también las organizaciones internacionales. Actualmente, en agenda está pendiente terminar el proceso interno para ingresar al Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, lo que abrirá nuevos espacios en inversiones para proyectos estratégicos para el país. También es necesario seguir adelante con la posibilidad de suscribir un TLC bilateral con China o, en su caso, de forma conjunta con el Mercosur. La firma de un acuerdo de estas características sería un nuevo hito en las relaciones con Uruguay o la región.

Uruguay se ha beneficiado de la apertura de China, ya no solo por las ventas de productos agrícolas y agroindustriales, sino que hoy China es un gran exportador de tecnología que demanda Uruguay, incluida la vinculada con las energías limpias.

Las relaciones con China tienen espacio en el sector servicios, como por ejemplo el turismo, donde aún resta prácticamente todo por hacer y también adquiere cada vez más importancia la cooperación en diversos ámbitos. Uruguay debe avanzar en la definición de una serie de proyectos de infraestructura claves, que puedan ser financiados por China en el marco de la Franja y la Ruta.

La presión entre las potencias

Las presiones de algunas potencias como Estados Unidos y en menor medida de la Unión Europea por los vínculos profundos de algunos países con China, es sin duda uno de los asuntos de mayor importancia en las relaciones internacionales modernas. Esa tensión estará presente en los próximos años y quedó en evidencia con los debates sobre el canal de Panamá o las presiones para que Italia abandone la Franja y la Ruta, entre otros tantos ejemplos.

Los países deben manejar estas tensiones con criterio y valorando la importante relación que en las últimas décadas se ha generado con China, sin caer en miradas de corto plazo. Se necesitará de altas dosis de pragmatismo y mucha diplomacia para enfrentar la nueva coyuntura internacional y sostener buenas relaciones con todos los países y socios comerciales. En este escenario, la estrategia de diversificación y pragmatismo de las relaciones internacionales parece ser lo más sensato.

China y las singularidades en su estrategia de desarrollo

China tiene un mercado interno que aún muestra capacidad para aumentar su consumo, como así también restan millones de personas por ingresar a los negocios individuales. Además, gran parte el país aún no sale del país, lo que abre una enorme oportunidad tanto para China como para el resto del mundo.

Más allá de las tensiones provocadas por la guerra comercial lanzada por Trump, con aranceles recíprocos de 145% en el caso de Estados Unidos a China (con excepciones para el caso de algunos productos tecnológicos) y de 125% aplicados por China a la potencia norteamericana, todo parece indicar que China cuenta con los instrumentos necesarios para sostener tasas de crecimiento cercanas al 5%, pero también deberá seguir adelante con las grandes reformas que permitan una mayor flexibilización en los negocios y la sociedad, además de acelerar algunos procesos para alcanzar la autonomía tecnológica.

Las reformas impulsadas se irán llevando adelante con una mayor participación social en las decisiones, lo que son demandas reales que seguramente se irán ampliando con el tiempo. El papel que jugó la sociedad china respecto al Covid-19, dejó en claro la necesidad de que estos mecanismos de consulta, las que luego terminan en las políticas de largo plazo implementadas por el gobierno chino, sean ágiles y cada vez más representativos de las demandas de la población.

El proceso de China no es comparable con ninguno a nivel mundial, ya sea por sus características históricas, políticas, filosóficas, culturales y demográficas. No puede compararse lo que está ocurriendo en India con lo que aconteció en China, se trata de modelos distintos. Tampoco pueden medirse los impactos de ciertas políticas con el lente occidental, ya que sus efectos serán distintos.

Por esos motivos, China tiene la capacidad de responder de forma muy distinta a la de muchos países frente la guerra comercial y geopolítica lanzada por Trump, ya que cuenta con menores restricciones internas y por tanto más capacidad de reacción. Por otro lado, la clave del tiempo hace que un análisis con perspectiva sea necesario, ya que se está frente a una civilización de más de 5.000 años. Por ese motivo, el modelo chino es único desde varios puntos de vista y no necesariamente replicable.

Ahora sí, se trata de un modelo que tiene la planificación y prospectiva en el centro a la hora de desplegar una estrategia, algo que actualmente no están demostrando otros países a nivel internacional.