Uruguay e India: un mundo de oportunidades inexploradas

En las últimas semanas he dedicado un tiempo a India, tanto en el marco de un nuevo viaje que me llevó a regresar a Delhi luego de algunos años y también a visitar por primera vez la ciudad de Hyderabad en el centro de India (ciudad que se ha posicionado como hub tecnológico e inmobiliario), donde brindé conferencias e inauguré un centro de investigación conjunta entre Uruguay e India (entre Woxsen University y la Universidad Católica del Uruguay). La semana pasada también participé en Santiago de Chile en un congreso internacional organizado por la CEPAL donde discutimos sobre la importancia de la relación de América Latina y el Caribe con India.

La columna resume algunos de los principales conceptos que rescato de estas dos actividades.

¿Qué está pasando en India?

Cabe recordar que es una potencia que hoy tiene más de 1.400 millones de habitantes (superará los 1.500 en 2030) y que será próximamente la tercera potencia mundial con tasas de crecimiento que han trepado a niveles del 9% en los últimos años y que sostendrá variaciones superiores al 6% hasta el año 2030.

Se trata de una economía que desde la década del setenta comenzó a aplicar reformas sustantivas en su economía, las que se aceleraron en los noventa, especialmente con una definición clara de establecer una estrategia de desarrollo con foco en los servicios, además de la industria tecnológica. En los últimos años los cambios en el país son notorios, el desarrollo se observa en la infraestructura (carreteras, aeropuertos, puertos, trenes, entre otros), pero también en el desarrollo tecnológico alcanzado en la infraestructura digital, en la inteligencia artificial, en los servicios de informática y comunicaciones, en la industria aeroespacial además de la industria farmacéutica y automotriz. También se han alcanzado logros históricos en la integración financiera, donde la tecnología está jugando un rol clave. Otro indicador del cambio es Delhi y su renovado parque automotor en comparación con años anteriores, más allá de que sigue siendo una ciudad algo caótica.

En lo que refiere al comercio internacional, se está frente a una economía con baja participación (2,9% de las exportaciones mundiales y 1,9% de las importaciones de bienes), pero que crece bastante más que la media internacional (a una tasa anualizada del 8,5% entre los años 2005 y 2024). El dinamismo del comercio internacional de servicios es incluso mayor al registrado en los bienes, donde India explica el 4% de las exportaciones mundiales y el 3,4% de las importaciones. Teniendo en cuenta la población y su potencial económico, lo esperable es que India siga aumentado de forma pronunciada su participación en el comercio global.

A nivel de las inversiones, India también muestra un enorme potencial, con entradas de IED que de acuerdo a la UNCTAD han mostrado un muy buen desempeño hasta el año 2008 (con entradas por US$ 50.000 millones en ese año), para luego volver a recuperarse desde el año 2012 alcanzando un récord en 2020 de más de US$ 60.000 millones. Los niveles de salidas de IED de India son muy inferiores con máximos históricos de US$ 20.000 millones en 2010.  

Si bien sigue siendo una economía muy cerrada, además de los históricos acuerdos suscritos con la ASEAN y varios países de su región más próxima, en los últimos años ha dado pasos muy significativos en términos de apertura, especialmente si se tiene en cuenta la profundidad de los acuerdos, como es el caso de Reino Unido (cerrado pero no en vigor), con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA en sus siglas en inglés) que se encuentra vigente o el que sostiene con Emiratos Árabes Unidos, además de sus negociaciones en curso con Canadá, la Unión Europea y Perú, entre otras. También se prevé una ampliación del acuerdo con Chile y con el Mercosur.

Claro que India enfrenta aún enormes desafíos asociados a los niveles de pobreza, la informalidad en su sentido más amplio, su proteccionismo, la incontrolable y dañina polución, el acceso a la educación, la salud y otros servicios públicos básicos, sumado a importantes déficits en infraestructura más allá de las mejoras recientes. Esta realidad, demandará mucho tiempo y calidad de las políticas públicas para ser superada, de todas formas el rumbo parece claro. Se trata además de un mercado enorme, muy complejo desde el punto de vista de su organización política y social, con enormes diferencias de desarrollo y con un mundo de culturas y de lenguas en un mismo país.

Las relaciones de India con América Latina

Podría decirse que las relaciones entre India y América Latina se encuentran hoy en una nueva etapa. En términos de comercio, existe una notoria recuperación en los últimos años y se está por superar el umbral de los US$ 50.000 en el comercio bilateral en bienes, si bien el mismo muestra mucha concentración en pocos países (Brasil, México, Perú, Argentina, Colombia y Chile) y en pocos productos, especialmente en las exportaciones de la región a la potencia asiática. Las importaciones latinoamericanas desde India están mayormente diversificadas en diversos productos con mayor contenido tecnológico, como vehículos, máquinas y herramientas, medicamentos, productos químicos y máquinas y aparatos eléctricos.

En los últimos años las visitas oficiales han aumentado, así como la presencia de empresas indias en la región (más de 200 de acuerdo a Seshasayee, H 2025), las que estarían ocupando 90.000 personas en la región (las empresas latinoamericanas en India serían cerca de 40).

De acuerdo a la CEPAL, los anuncios de inversión de India en América Latina están concentrados en software y servicios de tecnología, autopartes, metales, equipos para transporte no automotriz, productos plásticos, productos químicos y servicios financieros, sectores que estarían adelantando en dónde están las oportunidades de asociación empresarial con India para las empresas de la región.

En términos políticos, podría decirse que India no cuenta con una estrategia definida con América Latina, ya que su foco está en las demandas internas y en su región más próxima (donde tiene entre otras cuestiones a Pakistán y su delicada relación con China, además de la importancia otorgada a Rusia, al sudeste asiático y a Bangladesh) y con lo que considera socios estratégicos donde se ubica por ejemplo Estados Unidos. En el caso de América Latina su relación política principal (también económica) es con Brasil, donde comparte nada menos que los BRICS, IBSA y el G20 (en este caso también con Argentina y México otros dos socios de cierta relevancia para India), además de coincidir en sus intereses en la reforma de los organismos internacionales (por ejemplo en el ingreso al Consejo Permanente de Seguridad de las Naciones Unidas).

Ahora bien, también debe reconocerse que a impulso del nuevo contexto global y la necesidad que tiene India de jugar un rol más preponderante en la agenda internacional, en los últimos años ha aumentado las visitas de alto nivel a América Latina, incluso con la apertura de nuevas embajadas en República Dominicana, Paraguay, Ecuador y Bolivia (se espera la apertura de una embajada de India en Uruguay con la posible participación del ministro indio de Comercio e Industria). En el caso de Uruguay,  cabe resaltar además las visitas a India en 2026 de la vicecanciller, el canciller y muy probablemente del presidente uruguayo (lo que de concretarse, sería el primer presidente en la historia de este país en visitar India).  

A nivel de estrategias con la región, India ha logrado reuniones en el marco de la CELAC, donde sin duda podría darse el paso hacia la formalización de un ámbito como el que el foro tiene con China y la Unión Europea. También ha mostrado mayor presencia en los bancos multilaterales, como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, pero con enormes posibilidades de ampliación, así como también ocurre en su aún escasa o nula presencia en otros bloques regionales como ALADI, Mercosur, SICA, CAN o la Alianza del Pacífico, entre otros.

El país asiático busca posicionarse como un referente para la región en lo que denomina el Sur Global, el nuevo concepto que sustituye el histórico Movimiento de Países No Alineados y aprovecha el conflicto geopolítico lanzado por Estados Unidos contra China para mostrarse como una alternativa por su -en principio-, autonomía respecto a esa compleja relación entre las dos principales potencias mundiales.

El caso de Uruguay

India no es un socio comercial de relevancia para Uruguay y está muy lejos en el horizonte de los empresarios uruguayos. Los datos de comercio bilateral confirman esta realidad, con compras indias desde Uruguay que alcanzaron los US$ 158 millones y exportaciones al país suramericano por US$ 268 millones en 2024.

En cuanto al dinamismo, si bien en el caso de las exportaciones uruguayas a India las misma crecieron al 20% anual entre los años 2005 y 2024, de todas formas cabe preguntarse si es razonable ese nivel de exportaciones a un mercado de más de 1.400 millones de habitantes. Además, debe tenerse en cuenta que en 2024 un solo producto explicó el 80% del total exportado al país asiático (la madera). A nivel de las importaciones desde India, si bien las mismas crecieron a un ritmo inferior que las exportaciones uruguayas al país asiático (13% anual en el mismo período), las mismas se encuentra más diversificadas.

En el caso de Uruguay, debe destacarse la presencia de TATA Consultancy Services desde el año 2002, empresa que hoy ocupa 2.000 personas y exporta millones de dólares por año. Este éxito empresarial de esta empresa india en Uruguay y los esfuerzos realizados en su momento por el gobierno uruguayo para captar dicha inversión, son aspectos que deben ponderarse en la necesaria estrategia que el país puede plantearse con India en la captación de inversiones. La apertura de la embajada de India en Montevideo y las visitas uruguayas de alto nivel previstas para el año que viene, darán un impulso a las relaciones bilaterales, las que deberían estar acompañadas de la definición de una estrategia.

En momentos en que el Mercosur avanza en una flexibilización de hecho debido al acercamiento de Argentina con Estados Unidos y el eventual ingreso de Uruguay al CPTPP, la opción de avanzar con India bilateralmente es un camino posible (india aceptaría este camino con menores restricciones a las presentadas por China). Más allá de esa opción, la que también estará en el debate por la posible ampliación del Acuerdo de Preferencias Fijas vigente entre el Mercosur e India (prácticamente insignificante en términos de apertura de mercados), Uruguay puede ampliar la relación con India en otros asuntos y avanzar en acuerdos sectoriales como por ejemplo es el caso de los servicios.

Además, deberá fomentarse la cooperación en asuntos de interés común, como la seguridad alimentaria, las energías renovables (hidrógeno verde) los servicios de informática, el sector audiovisual y el turismo, entre tantos otros. Uruguay puede a su vez mostrarse más activo en la captación de inversiones indias, ya no solo en sectores estratégicos, sino también en la industria y los servicios, donde existen claras oportunidades.

India es sin duda un mercado complejo, por lo que para acceder a él se necesita muy buena información y esfuerzos de promoción comercial. La apertura de la embajada de India en Uruguay potenciará sin duda ese camino, el cual debe estar acompañado por un mayor apoyo a la embajada de Uruguay a India, la que realiza enormes esfuerzos, pero tiene muy poco personal diplomático si se tiene en cuenta el potencial que tiene este mercado. Además, no se cuenta con consulados en ninguna de las ciudades dinámicas de India, como es el caso de Mumbai, Bangalore, Hyderabad y Chennai entre otras. Al respecto de la representación uruguaya en estas ciudades, sí se han realizado desde la embajada esfuerzos en la apertura de consulados honorarios en Mumbai, Bangalore, además de los que están próximos a abrirse en Hyderabad, Chennai y Ahmedabad, los que terminan siendo un apoyo importante para los contactos y la expansión de los negocios con esas ciudades.

Uruguay XXI y otras unidades del gobierno deben colaborar con estudios y participación más activa en foros y ferias, a los efectos de identificar las oportunidades comerciales y de inversión aún no exploradas. También deben fomentarse las visitas de autoridades de ministerios, intendencias, cámaras empresariales y universidades. Muchos ámbitos tan importantes en India para América Latina como el “India LAC Conclave” organizado por la poderosa Confederation of India Industry y el “Raisina Dialogue” que es un Foro Anual organizado por la Observer Research Foundation de enorme impacto en la política exterior de India, suelen ser desaprovechados por Uruguay en términos de representación al más alto nivel.

Es habitual escuchar frases de empresarios uruguayos sobre los negocios en India tales como “es un mercado muy cerrado”, “no es posible hacer negocios con India”, “está lejos y hay dificultades logísticas”, o directamente “no tengo interés”, entre tantas otras. Estas restricciones, algunas sustentadas en dificultades reales, están de todas formas amplificadas por restricciones culturales que inhiben avanzar en este gran mercado.

Solo el mayor conocimiento del mercado con información de calidad, con viajes regulares a la India y con la generación de contactos en este gran mercado, ayudarán a romper con un mundo de oportunidades inexploradas.