Los desafíos de China frente a un nuevo contexto global

Del 15 al 18 de julio se realizará en Beijing la tercera sesión plenaria del XX Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), una instancia donde el gobierno de la principal potencia asiática tendrá que poner foco en el alcance de las reformas en curso, en especial para despejar las dudas sobre el impacto que las mismas están teniendo en su desarrollo económico actual.

Con la realización de dicha sesión, seguramente China espera una lectura internacional de lo que se tratará en la misma, especialmente en momentos en que han aumentado las diferencias con varios países por las exportaciones de algunos productos chinos que son cuestionados por sus elevados niveles de competitividad (los que se adjudican al apoyo del Estado) y el rol adquirido por China en determinadas industrias tecnológicas.

Por otro lado, las tensiones internacionales existentes en varias regiones del planeta podrían impactar negativamente en el proceso de la llamada modernización de China, por lo que esta realidad debe sin duda incorporarse en los debates internos. A su vez, estas instancias también servirán para seguir consolidando a nivel del PCCh, el pensamiento de Xi Jinping y sus definiciones relacionadas con el denominado nuevo desarrollo de China.

La economía china muestra indicadores muy alentadores en los primeros meses del año en variables como las ventas minoristas en bienes y servicios, el comercio exterior, las nuevas inversiones, el ingreso per cápita, la producción industrial en algunos sectores tecnológicos, el turismo, entre otras. Se observan señales muy claras de recuperación y expectativas de alcanzar o superar este año algunos de los niveles pre Covid en muchas variables económicas y sociales, más allá de que se mantiene cierto grado de incertidumbre en el desempeño económico en determinados sectores productivos y económicos.

En efecto, el país sigue sufriendo los impactos que dejó el Covid y particularmente la política de Covid cero, especialmente en su proceso de internacionalización. Asimismo, la crisis inmobiliaria, si bien controlada en sus efectos negativos inicialmente proyectados, sí ha tenido impacto en las tasas de empleo.

Foto: Xinhua News

De cualquier forma, China seguirá explicando un porcentaje muy relevante de la economía de Asia Pacífico y su contribución al PIB mundial sigue siendo clave (de acuerdo a los últimos datos de la OMC, ya lo fue en la recuperación del comercio de bienes registrado en el primer trimestre de 2024). También se ha transformado en un actor de enorme preponderancia en la producción y comercialización de ciertos productos tecnológicos (el nivel de patentamiento informado recientemente por la OMPI en inteligencia artificial es un indicador en ese sentido).

Ahora bien, debe asumirse que las tasas de crecimiento ya no volverán a asemejarse a las conocidas históricamente, proyectándose nuevos niveles de crecimiento que estarán en el entorno del 4% y 5%, un porcentaje que si bien puede parecer bajo en términos históricos, duplicará el registrado por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

China enfrenta un escenario global que no lo favorece. La paz es el mejor aliado en lo que refiere a su estrategia de desarrollo. El aumento de las tensiones geopolíticas y la presión de algunos actores para que se polaricen las relaciones entre Occidente y Oriente podría afectar o modificar la estrategia de internacionalización de China.

La estabilidad internacional es una condición necesaria, si bien no suficiente, para que la potencia asiática siga adelante con su estrategia de inserción global a través de la Franja y la Ruta; la cooperación en áreas bien diversas que ya superan ampliamente el comercio de bienes o la internacionalización de su moneda.

Las tensiones provocadas a nivel internacional por la guerra comercial y geopolítica lanzada por Estados Unidos contra China, no es una buena noticia para el gigante asiático ni para la comunidad internacional. Sostener niveles adecuados de cooperación con las principales potencias mundiales, en especial las occidentales (China despliega con éxito una estrategia de ampliación de sus relaciones con otras potencias emergentes a través de los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái) es quizás el desafío más importante para los próximos años.

En ese sentido, sostener el ritmo de desarrollo tecnológico en el mencionado contexto global, es otra gran tarea, especialmente cuando en paralelo el país está implementando reformas internas que generarán cambios estructurales en la economía y en la sociedad china.

Foto: CGTN

China enfrenta el reto de mitigar los impactos del envejecimiento poblacional, seguir adelante con su desarrollo tecnológico de forma cada vez más independiente de las potencias occidentales, seguir bajando la presencia del Estado en la economía y en las empresas, además de sostener un consumo creciente de su mercado interno en bienes y servicios. También a nivel financiero deberá implementar reformas que acompañen las nuevas características de su desarrollo económico.

El desarrollo chino tendrá que alcanzar la sostenibilidad incorporando, como lo está haciendo desde hace años, componentes esenciales de la agenda global, como por ejemplo ocurre en los asuntos medioambientales por su rol en las energías renovables.

De tener éxito en las reformas integrales en curso, el gobierno podrá mitigar en parte los ajustes que los cambios estructurales tienen en todas las economías, además de sumar a una porción mayor de su población a esta nueva etapa de desarrollo, lo que entre otra cosas, implica superar las restricciones que enfrenta hoy en el empleo y las brechas existentes entre la población urbana y rural y alcanzar una mayor justicia social. Esta nueva fase del desarrollo de China será, de tener éxito, más sustentable.

Sin duda, el mundo se beneficiará de una China más inserta en los principales debates de la agenda global, contribuyendo e incidiendo en la misma, sin necesariamente perder sus características y sosteniendo ciertas diferencias en el modelo de desarrollo con otras economías.

Para ello, la comunidad internacional debe asumir, que la cooperación con China y su pleno involucramiento en los debate centrales de la agenda global, es una urgente necesidad.