Dos años de la guerra en Ucrania

Ya hace dos años que Putin invadió Ucrania por segunda vez, la primera fue en 2014 con la Anexión de la Península de Crimea, una flagrante violación del derecho internacional que fue el principio de su campaña en el país europeo. Si bien en su momento existieron reclamos de la comunidad internacional, tanto a nivel de Naciones Unidas como de las principales potencias, los mismos fueron laxos por diferentes motivos, entre ellos por intereses económicos, en especial por la dependencia generada con Rusia con el gas y otros productos energéticos.

Foto: PNUD, Naciones Unidas.

En estos dos años se registraron cientos de miles de muertos (si bien la cifra es difícil de estimar), miles de civiles muertos, millones de desplazados y un país literalmente destruido. Un conflicto estancado, con pocas victorias desde los dos bandos, más allá del reciente avance de Rusia en la región del Dombás (por ejemplo la toma de la ciudad de Avdivka). Actualmente se está frente a una guerra de desgaste, donde Rusia cuenta con ciertas ventajas.

En el conflicto se han destinado miles de millones de dólares en armas, en especial los vertidos por la Unión Europa y Estados Unidos, además de aplicarse sanciones (las que recientemente Estados Unidos ha ampliado), que fueron de cierta forma esquivadas por Rusia y no han tenido el resultado de estrangulamiento esperado. Sin bien el apoyo de Occidente a Ucrania se mantiene, el mismo muestra fricciones y es un debate cada vez más caliente en algunos países europeos, pero también la discusión que en estos momentos se da en el Congreso de Estados Unidos. Mientras tanto, Rusia tiene margen para seguir por varios años más.

Claro, ocurre que en todo conflicto de esta naturaleza las fichas geopolíticas se mueven. India y China compran a Rusia lo que otros países dejan de comprar, lo que mantiene activa las arcas rusas para seguir financiando la guerra. Pero por pragmatismo y realismo, hasta la propia Unión Europea le sigue comprando a Rusia. Además, Rusia no está totalmente aislado, ya que cuenta aún con vínculos a través de foros como el G20, los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái o la Unión Económica Euroasiática, entre otros espacios de importancia geopolítica en algunas regiones como África.

El supuesto detonante de la invasión rusa era la definitiva huida de Ucrania a Europa, lo que terminó ocurriendo. Hoy Ucrania es mucho más europea que antes del conflicto, incluso con el objetivo de ser miembro de la Unión Europea. Respecto a la OTAN, es cierto, Ucrania no ingresó, pero sí Finlandia y Suecia, por lo que se terminó expandiendo. Además, Francia y Alemania firmaron acuerdos de seguridad con Ucrania, lo que se repetirá con otros países europeos.

Por la guerra, la Unión Europea se fortalece en su pilar más débil, que es el de su seguridad y defensa, pero debe reconocerse que aún depende de la OTAN (que está explicada principalmente por Estados Unidos). Putin y Europa esperan con expectativas las elecciones en la primera potencia mundial con la sombra de Trump, lo que podría cambiar el curso de los acontecimientos. No se trata de simplificar, como dice actualmente el candidato a la presidencia del país del norte, con la expresión “yo termino esa guerra” o, que “conmigo no pasaba”, ya que no es esperable una solución inmediata. Ahora bien, sí es plausible un mayor cuestionamiento a la OTAN, más dudas sobre los fondos de apoyo a Ucrania (hoy trabados en el Congreso) y un nivel mayor de pragmatismo en la negociación con Putin, lo que es muy delicado para Europa.

Mientras tanto y en ese contexto, los países europeos piden más presupuesto para armamento, lo que ha sido un reclamo nada menos que de Alemania y en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich logran el consenso en que Europa y Estados Unidos seguirán apoyando a Ucrania en el conflicto.

Foto: Diario El Mundo.

A nivel internacional, las potencias emergentes defienden la paz pero tampoco existe un involucramiento mayor para alcanzarla, buscan posicionarse en una delicada neutralidad. Claro, esa decisión debe enmarcarse en una desconfianza que está a flor de piel por la guerra geopolítica entre Estados Unidos y China. En ese sentido, no se cuenta con el nivel apropiado de cooperación para discutir sobre este asunto debido a que todo se tiñe por otros componentes de la agenda global.

En definitiva, ¿quién ganó en estos dos años desde la invasión de Putin a Ucrania? Claro, algunos dirán la industria armamentista, respuesta siempre presente, pero al final hoy se está en un mundo que es más inseguro, más inestable, menos libre y más caótico. La falta de cooperación, las instituciones débiles y el cansancio social, habilitan acciones que en muchos casos terminan siendo decisiones personales de cuestionados y autoritarios líderes que envían a sus soldados a una muerte segura desde sus resguardos presidenciales. La sociedad se ve arrastrada a las graves consecuencias de estas decisiones, lo que en muchos países ocurre sin posibilidad de reclamo.

Lo más grave es que este tipo de conflictos son leídos por algunos Estados y también por las organizaciones terroristas como una oportunidad para desestabilizar, por lo que lanzan otras campañas para abrir varios frentes a la vez, como ocurre en el caso de la crisis en Medio Oriente desatada a partir de los condenables ataques terroristas de Hamás a Israel. Como es sabido, estas acciones generaron una masiva intervención de este país en Gaza con tremendas consecuencias humanitarias para el pueblo palestino.

En esta nueva realidad, tanto Estados Unidos como otras potencias europeas dedican tiempo diplomático y realizan operaciones militares (ataques a los Hutíes en el mar Rojo por sus intervenciones contra barcos mercantes) en el marco de este nuevo conflicto, lo que naturalmente distrae la atención en la guerra en Ucrania. Este ha sido uno de los tantos reclamos de Zelensky en los diversos foros internacionales en los que ha participado.

Foto: CNN.

Negociar la paz en Ucrania es costosa para ambos bandos y los dos tienen líneas rojas que no quieren pasar, en especial por el simbolismo de perder los territorios que le corresponden legalmente a Ucrania o, los que Rusia entiende le pertenecen, ya sea por razones históricas o por la supuesta voluntad de la población que habita allí. Avanzar en un posible acuerdo de paz será complejo, ya que se necesitará de una dosis de pragmatismo partiendo de algunas premisas: las dos partes perderán y además la solución no será definitiva. Como resultado, lamentablemente, se deberán seguir aceptando algunas violaciones al principio de integridad territorial y quedarán presentes las tensiones y rencores que en cualquier momento podrían activar nuevamente la guerra.  

De cualquier forma, el resultado de ese eventual acuerdo de paz marcará el sistema internacional por los próximos años, lo que también es parte de la preocupación de las potencias involucradas. Mientras tanto, seguirán las pérdidas humanas y el futuro de Ucrania estará muy comprometido.