Los primeros meses del gobierno de Lacalle Pou estuvieron marcados por la pandemia, lo que naturalmente impuso una priorización de la agenda interna sobre la internacional. De todas formas, el presidente uruguayo mantuvo contactos telefónicos nada menos que con el expresidente Trump, la canciller Angela Merkel y el presidente Xi Jinping, en este último caso en más de una oportunidad por las gestiones realizadas para obtener la vacuna del laboratorio chino Sinovac.
Por otro lado, las posibles diferencias con Fernández ponto se disiparon con la concreción de un asado informal en la estancia de Anchorena. Más allá de dichos contactos, seguía pendiente conocer cuál sería el primer viaje al exterior del mandatario uruguayo, lo que finalmente se concretó esta semana.
No debería llamar la atención que se elija a Brasil como primer viaje del presidente al exterior. Se trata de un socio estratégico para el país y un aliado en la definición de la agenda tanto regional como multilateral que desplegará el gobierno uruguayo en los próximos años. Asimismo, cabe recordar que Brasil fue en 2020 el segundo destino de nuestras exportaciones de bienes después de China explicando el 15% del total, mientras que ocupó el primer lugar en el origen de las importaciones representando el 23%. A estas corrientes se le debe adicionar el comercio de servicios, lo que ubica al socio suramericano en un sitial de privilegio para Uruguay.

El encuentro con Bolsonaro, no necesariamente implica compartir todas las posiciones del gobierno brasileño en política exterior, ya que existen diferencias. Lo resaltable de la reunión es que Uruguay buscó focalizarse en una agenda limitada pero muy ambiciosa y estratégica para los intereses nacionales.
Tras la conferencia de prensa, tanto en Brasilia como en Montevideo se ratificó que uno de los temas centrales tuvo que ver con la flexibilidad del Mercosur, posición que de acuerdo con las expresiones del presidente uruguayo fueron compartidas por Bolsonaro. Evidentemente que dicha aseveración no implica que el Mercosur ya resolvió y laudó sobre el asunto, ya que como fue recordado por Lacalle Pou a su regreso a Montevideo, las decisiones en el Mercosur se toman por consenso. Para obtener resultados concretos en el futuro próximo, las acciones de diplomacia presidencial deberán estar acompañadas por una estrategia diplomática muy fina y precisa.
Ahora bien, debe quedar claro que cualquier definición de esa naturaleza en el Mercosur, solo se puede tomar con la anuencia de Brasil, país que desde tiempo atrás ha mostrado una visión muy crítica sobre el Mercosur. Uruguay hace bien en buscar un aliado para debatir sobre la necesaria flexibilización y modernización del Mercosur, ya que como es sabido, Argentina no se muestra condescendiente al anhelo histórico de la política exterior de Uruguay.
Es más, en los últimos meses el gobierno argentino ha implementado nuevas medidas proteccionistas y mostró diferencias sobre la agenda externa en curso del Mercosur, en especial con las negociaciones con Corea del Sur y Singapur, mientras que se registra un avance lento en los intercambios con Canadá y el Líbano. Por otro lado, el proceso de incorporación del acuerdo con la Unión Europea está en dificultades y enfrenta el veto francés (entre otros países europeos) si no se incorporan nuevos compromisos.
Por si fuera poco, cualquier posibilidad de profundizar las relaciones comerciales con Estados Unidos parecen haberse alejado con Biden, debido a que su administración estará centrada en su compleja agenda interna e internacional. Debe asumirse también, que las relaciones entre Estados Unidos y Brasil se enfriarán, al menos en el corto y mediano plazo por el apoyo concedido por Bolsonaro a Trump hasta el último minuto.
En cuanto a la agenda interna del Mercosur, los avances han sido escasos en las últimas dos presidencias pro tempores a cargo de Paraguay y Uruguay, más allá de la aprobación de un Protocolo de Comercio Electrónico y del lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones sobre el comercio de servicios (lo que no necesariamente implica un éxito, ya que los compromisos asumidos en las anteriores rondas nunca fueron incorporados). Asimismo, la negociación para la reforma del elevado arancel externo común (su nivel actual duplica la media internacional), sigue sin mostrar avances sustanciales, mientras que otros asuntos como la reforma institucional o la eliminación de las barreras no arancelarias aún están pendientes.
En un escenario de estancamiento del Mercosur y con un poco fluido relacionamiento entre los presidentes de Brasil y Argentina, el que más pierde es Uruguay. Por eso es muy acertado que previo a los festejos por los 30 años del Mercosur, el presidente uruguayo vuelva a plantear la necesidad de flexibilizar el bloque en lo que tiene que ver con las negociaciones externas. Como dijo Lacalle Pou, se pretende seguir perteneciendo al esquema de integración, pero habilitando el despliegue de una política comercial individual. En otras palabras, se trata de la posibilidad de que los países negocien a diferentes velocidades o de forma independiente sus acuerdos comerciales.

Una vez culminadas las mencionadas conferencias de prensa, la polémica se instaló en la región, mientras que algunos en Uruguay relativizaron los resultados de la reunión. Se argumenta que Brasil no sostendrá su posición y que a la postre no será posible alcanzar dicho objetivo. Si bien se trata de dudas razonables, debe tenerse en cuenta que Bolsonaro no refleja necesariamente las tradiciones históricas de la diplomacia brasileña. No menos cierto, es que tanto Argentina como Brasil necesitan contar con mayores libertades en su política comercial por los efectos de la pandemia, lo que por cierto ya se está registrando por la implementación de una serie de medidas unilaterales que están muy lejos de respetar los compromisos regionales.
Los debates sobre la flexibilización del Mercosur y la necesidad de recuperar la soberanía de la política exterior no son nuevos en el país. Al respecto de cómo implementarla, existen muchas opciones. La más ambiciosa sería proponer la reformulación de los tratados originarios (en particular la revisión de los compromisos asumidos en el Tratado de Asunción y Protocolo de Ouro Preto), descartando de forma definitiva la conformación de una unión aduanera y de un mercado común entre los miembros. De no tener éxito en esta propuesta, Uruguay podría solicitar ser un Estado Asociado como lo son muchos otros miembros de la ALADI, lo que le permitiría mantener el comercio regional liberado y sostener su propia política comercial con terceros Estados.
Otros caminos intermedios implican autorizaciones expresas de parte de los miembros, conocidas en las negociaciones internacionales como waiver, las que podrían ampararse en acuerdos marco -como el que habilitó el TLC bilateral que Uruguay posee con México-, o con la aprobación de una decisión que permita esa modalidad en las negociaciones externas y que sustituya de forma definitiva la polémica decisión CMC N°32/00.
También podría suspenderse de forma provisoria o definitiva el arancel externo común, instrumento que al menos teóricamente (en la práctica cuenta con enormes excepciones) impone que las negociaciones se realicen de forma conjunta entre los socios. Cualquiera de estos mecanismos permitiría las negociaciones bilaterales, lo que cabe recordar no generaría una triangulación comercial de los productos debido a que el Mercosur sigue operando como una zona de libre comercio y posee un régimen de origen plenamente vigente. Por tanto, no se está frente al caso de la Unión Europea, bloque que cuenta con una única frontera y una libre circulación entre sus 27 miembros.
Existen vías algo más sencillas de implementar, algunas ya utilizadas por el Mercosur, como las cláusulas de puesta en vigencia unilaterales de los acuerdos que se negocian en conjunto (lo que evitaría posibles vetos) o la negociación de distintas concesiones y cronogramas de liberación comercial, entre otros mecanismos.
Como puede observarse, las opciones son muy diversas y todas debatibles, pero ninguna de ellas tendrá cabida sin un acuerdo político previo entre los presidentes. En ese sentido, el viaje de Lacalle Pou es el principio de muchas otras cosas, pero en particular, de la posibilidad de que el país despliegue finalmente una agenda comercial con China y otras economías de Asia Pacífico, lo que, tras casi 30 años de vida, es notoriamente claro que no es una prioridad para el Mercosur.
Fuentes e información complementaria:
El Mercosur, avances, pendientes y desafíos
https://issuu.com/segibpdf/docs/013
Algunas reflexiones sobre el Mercosur. Propuestas para una necesaria reformulación
Las uniones aduaneras: ¿Modelo de integración adecuado para los países de la región?
https://ucu.edu.uy/sites/default/files/pdf/2015/Las_uniones_aduaneras.pdf
No es solo una descoordinación
https://ucu.edu.uy/sites/default/files/facultad/fce/dnii/no-es-solo-una-descoordinacion.pdf
Un despertador para la agenda externa de Uruguay
Momento de definiciones en la agenda externa del Mercosur
El Mercosur: Una reforma impostergable
https://ucu.edu.uy/sites/default/files/pdf/2017/el-mercosur-una-reforma-impostergable.pdf
Hacia un Mercosur de a cuatro y bilateral
https://ucu.edu.uy/sites/default/files/facultad/fce/dnii/hacia-un-mercosur-de-cuatro-y-bilateral.pdf
La Alianza del Pacífico: ¿una nueva etapa para el Mercosur?
Informes regulares sobre los resultados de las Cumbres del Mercosur