Pandemia

El contexto global y regional

En la actualidad se enfrenta una crisis del sistema internacional que, si bien no se le puede adjudicar al Coronavirus, no cabe duda alguna que la pandemia la acentuó. Desde ya varios años venimos observando Estados debilitados con sociedades fatigadas que reclaman de forma violenta en las más diversas capitales del mundo. A esta realidad se le suma un debilitamiento generalizado de las organizaciones internacionales, muchas de las cuales no han estado a la altura de los importantes desafíos impuestos por la agenda global en la última década, pero especialmente, porque las potencias se negaron a aceptar que otro mundo estaba emergiendo.

El contexto mencionado no se ve favorecido por los desencuentros entre las principales potencias globales. Este es el caso de los enfrentamientos entre Estados Unidos y China que pujan por el liderazgo tecnológico y geopolítico mundial; el conflicto entre la Unión Europea y Rusia; las crecientes tensiones entre China e India y otros países del sudeste asiático, sin entrar en la siempre presente amenaza de Irán y Corea del Norte, además otros cientos de conflictos que están en curso.

Toda América Latina se enfrentará una crisis que algunas organizaciones entienden implicará un retroceso de lo logrado en las últimas décadas, con millones de nuevos pobres, un aumento del desempleo y la informalidad, la caída de las inversiones y una menor intensidad en el comercio de bienes y servicios. Debido a las crisis políticas e institucionales, se prevé una pausa en las urgentes reformas que demandan muchos Estados.

Si bien estas condiciones no parecen ser el ámbito apropiado para discutir los temas de fondo, ya sea de la agenda global como de la regional, en las últimas semanas se despertó cierto optimismo debido a la reactivación de los asuntos multilaterales en el ámbito de la OMC, como así también por los compromisos que Estados Unidos y China han alcanzado en el combate contra el cambio climático.

La economía y el comercio mundial

El impacto de la pandemia es muy claro. La economía global disminuyó 3,3% en 2020 de acuerdo con datos del FMI, con caídas que han sido generalizadas con contadas excepciones como el caso de China, la que logró crecer un 2% más allá de la crisis sanitaria. Las proyecciones indican que en 2021 la economía mundial aumentará 6% en promedio, ralentizando su marcha a un 4,4% en 2022. También en las proyecciones se destaca China, la que se espera crezca nada menos que 8% en el año en curso.

En el caso de América Latina los números no son negativos solo en lo que tiene que ver con el nivel de fallecimientos y contagios, sino que también ha sido la región que ha registrado la mayor caída de su producto en 2020 (-8%). Las proyecciones para los años siguientes están por debajo de la media internacional y la que se espera para las economías emergentes y en desarrollo (4,6% en 2021 y 3,1% en 2022). Si bien el buen comportamiento de China y otras economías como la de Estados Unidos y la Unión Europea (en los tres casos han volcado programas de apoyo económico muy ambiciosos), están dando cierto respiro a la región (evolución muy favorable de algunos precios de productos básicos), la coyuntura y en especial la ausencia de liderazgos, como la desconfianza hacia los sistemas políticos y la justicia, postergarán una vez más los debates que marcan las agendas nacionales de gran parte de los países latinoamericanos. Los temas pendientes siguen siendo la corrupción, la educación, la exclusión social, los déficits de infraestructura física y digital, los rezagos tecnológicos, entre otros.

En cuanto al comercio, en 2020 los intercambios de mercancías a nivel global cayeron 8%, mientras que los de los servicios nada menos que 20%, si bien en este caso debe reconocerse que los desempeños han sido muy dispares dentro de algunas de las subcategorías de servicios. En el año 2020, China también es la economía destacada, no solo porque volvió a ocupar el primer lugar como exportador mundial (explicando el 14,7% de las exportaciones mundiales), sino también porque logró crecer 4%, mientras que otras potencias como Estados Unidos cayeron -13%, Alemania -7% y Japón -9%.

¿Cuáles fueron los principales 30 jugadores del comercio mundial de bienes?

Fuente: OMC/UNCTAD.
Fuente: OMC/UNCTAD.

En el caso de las importaciones, Estados Unidos sigue en el primer lugar del ranking, pero con China muy de cerca en la segunda posición, la que si bien disminuyó sus compras externas en -1%, se trató de una caída menor a la registrada por Estados Unidos, Alemania, Holanda y Japón (cayeron -6%, -5%, -9% y -12%).

Como puede observarse en el cuadro presentado seguidamente, si se atiende a los países de la región, solo dos economías latinoamericanas están dentro de los primeros 30 jugadores, caso de México y Brasil, mientras que no hay ningún país africano, pero sí varias economías asiáticas. México explicó en 2020 el 2,4% de las ventas mundiales y 2,2% de las compras, mientras que Brasil 1,2% y 0,9% respectivamente. El año pasado 5 países explicaron el 39% del comercio global.

Analizando el comercio de servicios comerciales se observan algunas diferencias respecto al de bienes. Estados Unidos es el gran jugador del comercio total de esta categoría, representando nada menos que el 13,6% de las exportaciones y el 9,3% de las importaciones, corrientes que en 2020 disminuyeron 22% y 23% respectivamente. En el caso de las ventas externas de servicios, le sigue en el ranking Reino Unido, Alemania, China y Holanda. En las importaciones, China ocupó el segundo lugar en 2020 tras Estados Unidos, seguido por Irlanda, Alemania y Francia.

¿Cuáles fueron los principales 30 jugadores del comercio mundial de servicios comerciales?

OMC/UNCTAD.

En la categoría de exportaciones de servicios en 2020 también se destaca China como el país que disminuyó en menor medida sus ventas, si se toma en cuenta el universo de los mayores 30 exportadores (-1%), mientras que en el caso de las importaciones sí registró una importante caída (del -24%), la que fue bastante mayor que la registrada por otras potencias como Francia y Holanda.

Preocupa confirmar que ningún país latinoamericano está dentro de los primeros 30 exportadores mundiales de servicios, mientras que en el caso de las importaciones se ubica solo Brasil, explicando el 1% de las compras totales de esta categoría. Una vez más, no hay países africanos y se destacan varios países asiáticos. En el caso de los servicios la concentración es algo menor a la mostrada en bienes (5 países explicaron el 37,4% de las exportaciones y el 35,6% de las importaciones).

Uruguay frente a la postpandemia

La crisis sanitaria mundial puso nuevamente el foco de atención en debates inacabados que en el caso de Uruguay son centrales para seguir por la senda del desarrollo económico. Si bien son asuntos que se discuten desde tiempo atrás, la pandemia podría ser una oportunidad para adelantar definiciones concretas.

Algunos de los temas que hoy ocupan mayor atención tienen que ver con el teletrabajo y la productividad laboral, el rol de los servicios en la economía nacional (como por ejemplo el potencial de los servicios en la postpandemia en el área de la salud, el turismo o la salud, entre otros no tradicionales), el comercio electrónico, la producción sostenible y saludable de alimentos, los aspectos medioambientales y el papel de la energía renovable, la valoración de las inversiones en infraestructura física y digital, así como la disponibilidad de capital humano calificado, entre otras cuestiones.

Atendiendo a la realidad que atraviesa América Latina y gran parte del mundo, Uruguay cuenta con ciertas ventajas competitivas para acelerar su ritmo de desarrollo en los próximos años. Más allá de la situación crítica que enfrenta en la actualidad por el número de muertes y enfermos, parece claro que el plan de vacunación y sus esperados resultados ubicarán a este pequeño país dentro de los que tendrán mayor éxito a nivel mundial. De contar con una estrategia que potencie dichos resultados, la que deberá estar acompañada de mayores esfuerzos institucionales para ampliar las acciones actuales de promoción externa, el país puede acceder a sitiales de privilegio en las áreas anteriormente mencionadas, lo que podría traer aparejados beneficios en la captación de inversiones en determinados segmentos de la economía nacional.

El país ha atravesado una inédita crisis planetaria con un reconocido liderazgo presidencial y con una adecuada respuesta de sus instituciones nacionales, lo que, sin desconocer el enorme impacto emocional por las pérdidas humanas, permitió al país navegar por la tormenta sin crisis sociales y políticas como las que se observan en prácticamente todos los países de la región.

Partiendo del diagnóstico presentado, Uruguay deberá acelerar su inserción en la economía mundial, ya no solo mejorando las históricas buenas relaciones sostenidas con sus aliados naturales como Estados Unidos y la Unión Europea (para lo cual es necesario definir una agenda concreta en asuntos estratégicos), pero principalmente desplegando una agenda más dinámica y ambiciosa con Asia Pacífico, África y Asia central, regiones en las que el país puede cerrar nuevas alianzas en muchos de los temas anteriormente mencionados.

El éxito en esta tarea dependerá de cómo evolucionen algunas de las tendencias globales mencionadas, pero principalmente, de la habilidad que tenga el país en no quedar nuevamente enredado en las inestables dinámicas regionales asociadas al Mercosur. No menos importante será sostener la voluntad política necesaria para superar las restricciones culturales internas, que suelen convencer a los tomadores de decisiones sobre que esa idea “no se puede” implementar en Uruguay.